Sé lo suficientemente feminista para no abortar

Carta a mi hija de 7 años






Cami, hoy sólo tienes 7 años y aunque comprendes demasiadas cosas del mundo en el que vivimos prefiero platicar sobre esto en un futuro, nada lejano, créeme.

Hoy, más que nunca, las mujeres han decidido levantar la voz y eso es maravilloso, ¿sabes?

Han decidido no vivir reprimidas, pelear por sus derechos y eso es realmente admirable. Les doy las gracias por ti, por mí y por aquellas mujeres que lamentablemente ya no están.

Pero como en toda lucha, también hay huecos, hoyos negros que llevan al fanatismo, ¿te doy un consejo? Huye de cualquier apasionamiento desmesurado o fanatismo: religioso, social o cultural.

Nunca te dejes llevar por las entrañas, por el odio o el miedo.

Piensa y replantéate las cosas más de dos veces.

Duda de todo lo que escuches, duda de mis palabras, de mi punto de vista y si es necesario, duda hasta de lo que creíste cierto hace unos minutos.

Piensa y vuelve a pensar en las consecuencias de tus palabras y sobre todo de tus actos.

Jamás hagas algo que te avergüence o que no te deje vivir en paz contigo misma, lo que piensen los demás no importa, pero lo que pienses tú de ti, eso de verdad que te va a impulsar a seguir adelante o podrá convertirse en tu peor lastre.

Te cuento que hoy, un día antes de que termine un caótico 2020, se legalizó el aborto en Argentina, y eso me ha hecho dar vueltas y vueltas en mi cabeza para escribirte esto.

Te quiero compartir mi punto de vista: estoy de acuerdo con el aborto, pero... ¡no en todos los casos!

Sí en situaciones como en el de tu bisabuela Amalia, la mamá de mi mamá. Ella murió al dar a luz, parir o como le quieras llamar, al tercero de sus hijos, quien también murió. Por decidía, ignorancia o malicia, no lo sé, mi abuelo no buscó ayuda médica, ellos vivían en un pueblito muy alejado de la civilización y en una miseria que de sólo pensar me calan los huesos.

Ésas mujeres que lamentablemente viven en situaciones iguales o peores a las de tu bisabuela merecen y deben tener el derecho de abortar, de ser educadas y sobre todo alimentadas. Son millones que crecen en absoluta pobreza llenándose de hijos, a los cuales no pueden ofrecerles ni una rebanada de pan. Muchos de esos bebés mueren, otros crecen desnutridos, algunos con mal formaciones; y unos cuantos en mejores condiciones.

Pero el ciclo se repite una y otra vez: niñas convirtiéndose en madres, mujeres trayendo hijos a un mundo de carencias y probablemente abusos y mal tratos. Situaciones de las cuales, afortunadamente, tú y yo estamos alejadas y damos las gracias todos los días por eso. Y ruego cada instante de mi vida porque tú jamás vivas una situación similar, ni de abuso u opresión en ningún sentido, doy todo y hasta mi vida porque así sea.

En el 2000, cuando comenzaba a estudiar periodismo fui a cubrir una rueda de prensa, la presentación del libro “La herida de Paulina”, escrito por Elena Poniatowska. En él relata la trágica vida de una niña que con 13 años fue abusada en su propia casa por varios hombres, quedó embarazada y le fue negado el derecho a abortar, ¿la causa? Era demasiado joven para decidir sobre su cuerpo, pero no para hacerse cargo de un bebé que en cualquier sentido le traería dolor. Aún me sigo preguntando porqué la castigaron de esa forma, porqué las autoridades de nuestro país tuvieron que decidir sobre ella y su cuerpo. ¿Su pecado? Ser pobre y vivir en completa marginación.

En Santa María la Ribera hay una casa de asistencia para niñas y adolescentes, que en situación de calle, se convierten en mamás, muchas ni siquiera saben quién es el papá de sus hijos pues normalmente están muy drogadas para poder soportar el frío de cada noche, el hambre. Y en esa casa hacen una labor invaluable para ayudarlas a salir adelante, a ellas y a sus hijos. Hemos ido en algunas ocasiones a convivir con ellas, a ofrecerles un poquito de ayuda, a donarles ropa o juguetes y de verdad, quisiera hacer más, mucho más.

Ejemplos como los que te he dado tengo tantos y tantos más.

El aborto ha sido legalizado en Argentina

¿Que si estoy a favor del aborto? Sí, cuando se trata de mujeres que viven en total miseria, reprimidas, golpeadas, con hambre; aquellas que han sido ultrajadas o las que ellas y sus hijos enfrentan un tema de salud.

Pero no coincido con esas mujeres y hombres que de forma consensuada y consciente deciden tener relaciones sexuales sin pensar en las consecuencias y utilizan el aborto como la salida fácil a su egoísmo.

Por eso, mi pequeña maestra, te pido una vez más: jamás justifiques la muerte para cubrir un error, y recuerda que hasta donde me dé la vida estaré a tu lado para ayudarte a enfrentar tus buenas y malas decisiones, amando la vida, siempre.

No juzgues nunca a otra mujer, nunca. Si desea ser madre, si no, si está a favor del aborto o no, siempre ama, comparte, apoya.

Y sé lo suficientemente feminista para no abortar si un día la cagas, qué tal vez esa personita te dé tanta luz como tú me la has dado a mí. ¡Gracias!


Te ama, mamá.